Aunque suene sugestivo, lo cierto es que la culpa del mal estado en que se encuentran las formaciones, el incumplimiento de los servicios y horarios y todo lo demás que atañe al servicio ferroviario entre Lobos-Las Heras-Marcos Paz-Merlo y su continuidad a la capital federal no es culpa de Trenes de Buenos Aires.
La empresa en cuestión no es siquiera dueña ni de la infraestructura ferroviaria, ni de los trenes y por poco, ni siquiera es responsable de pagarle los sueldos de los empleados. Puede ser muy fácil culpar a la misma de su enorme rentabilidad a cambio de un magro servicio. En realidad, TBA tiene a concesión el servicio... Concesión que fue otorgada por el estado.
Y he aquí un punto muy ineteresante: porque la verdad es que los trenes son del estado, es decir del pueblo de la Nación o, traduciendo, de todos nosotros. Los trenes nunca fueron privatizados: fueron concesionados. Por lo tanto, las quejas del mal servicio tienen como único responsable al estado nacional y a sus funcionarios responsables de las distintas áreas.
Es cierto que, en sus pliegos de concesiones, en un momento figuraba el hecho de que las concesionarias tuvieran a su cargo la realización de obras de infraestructura y mantenimiento, pero más tarde, con la promulgación de la Ley de Emergencia Económica y de Emergencia Ferroviaria salvaron a las empresas de responsabilidades contraídas durante la supuesta "privatización." En el caso de Lobos, puntualmente en el ramal que une nuestra ciudad, figuraba la realización de la electrificación entre Merlo y Marcos Paz, algo que no sólo nunca ocurrió, sino que, además, vaya a saber cuando vaya a suceder.
El nuevo marco legal hace responsable al estado de la infraestructura
Lo que muchos parecen desconocer, y en efecto hasta quienes suelen hablar del tema, ya sea en editoriales, o los propios gremialistas ferroviarios y sospechamos que también los funcionarios municipales es que hace cerca de dos años, el estado nacional creó dos nuevas dependencias: ADIF y SOF, ambas sociedades del estado. La primera alude a las siglas Administración de Infraestructuras Ferroviarias y la segunda Sociedad a cargo de la Operación Ferroviaria.
Es más, sorprende que, en el Concejo Deliberante se desconozca esta normativa, y se pretendan aprobar proyectos condenando a una empresa, cuando la responsabilidad es del propio estado. De esta manera, TBA es simplemente una mera administradora de bienes que son del estado. Por eso, cuando alguna vez el intendente de Lobos se quejó de la falta de colaboración de TBA para el arreglo de la estación del ferrocarril, debemos decirle que simplemente se equivocó de entidad a la cual reclamar.
En concreto, las obras que llevó a cabo TBA fueron pagadas por el propio estado nacional y el dinero en cuestión nunca fue aportado por TBA. Lo mismo con el caso de la renovación de algunos tramos de vía con durmientes de hormigón entre Moreno y Castelar y entre Liniers y Castelar, también pueron pagadas por el estado.
Lo mismo con la compra del material portugués, el mismo que ya no se ve circular por nuestra localidad. A eso también lo pagó el estado en un contrato hecho con el gobierno de portugal. Para ello, TBA no intervino de negociación alguna. Pero en todo caso, las exorbitantes ganancias del grupo TBA pertenecientes a la Sociedad Cometrans ha dado lugar a otro imperio: el grupo Plaza que cuenta con una enorme cantidad de micros de varias líneas y con el color rojo en común. También Cometrans opera la línea 136 que une Caballito con Marcos Paz-Las Heras y Navarro... Eso tal vez explique el por qué tanto desinterés de parte de un monopolio del transporte a nivel nacional. Cierto, nos olvidábamos que Plaza es dueña del Rápido Argentino, de la línea que une La Plata con capital (la ex Río de La Plata).
En todo caso, parece que al gobierno nacional sólo le importa el monopolio del grupo Clarín, pero no el del grupo Plaza, TBA y la sociedad a la que pertencen que es COMETRANS SA. Tal vez sea mejor declarar de utilidad pública al papel en vez del transporte que mueve al país. A lo mejor, resultará más útil el tren bala, o estatizar aerolíneas, donde verdaderamente es dudose ver que haya gente de la clase trabajadora del Gran Buenos Aires que deba levantarse todos los días a las cinco de la mañana para ir trabajar y producir, en vez de estatizar un servicio verdaderamente público y cuyo impacto en el sistema productivo es exponencialmente mayor.
Quizás sea esto una muestra más de que después de todo estamos igual que siempre y que bajo algunos discursos que quieran disimularlo, lo que algunos llaman neoliberalismo está más presente que nunca.